77 Secretos de la
Brujería Amorosa
Lo que los curanderos del norte guardaron durante generaciones, escrito por primera vez.
"Hay conocimientos que no se explican. Se practican, funcionan, y quien los recibió los transmitió en voz baja. Este libro los pone por escrito."
Florecimiento
Abre caminos, limpia tu energía y atrae la luz antes de obrar.
Atracción y Unión
Llamados, amarres, velas y lunas. La materia y sus tiempos explicados.
Limpieza y Defensa
Saber soltar, protegerse contra bloqueos y cortar vínculos oscuros.
"Ordené, separé lo repetido y convertí en pasos numerados lo que él explica hablando con las manos. Verifiqué en mercado que cada material se pueda comprar todavía. Las oraciones y las advertencias están tal como él las dice."
Lo que este libro NO promete
Esto exige respeto. Cada trabajo pide materia, tiempo y fe.
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Que alguien se enamore de ti. Un amarre agarra el cuerpo y el pensamiento; el corazón no lo agarra nadie.
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Filtros ingeribles. No se le da de comer ni de beber nada a nadie sin que lo sepa. Eso no es del oficio, es daño puro.
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Romper hogares. No se trabaja sobre personas casadas por la Iglesia. Destruir un hogar es maldad y se paga.
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FRENTE DEL LIBRO
NOTA DEL EDITOR
Este libro no lo escribí yo, y tampoco lo escribió del todo el maestro Miguel Farfán.
Lo conocí buscando otra cosa. Me habían hablado de él en Mórrope como del hombre que curaba sin cobrar tarifa fija —«lo que puedas»— y llegué a su casa una tarde de marzo con la idea de hacerle tres preguntas. Me tuvo cuatro horas y no contestó ninguna de las tres.
Volví catorce veces en año y medio.
De dónde salió este material. De dos sitios. El primero son sus cuadernos: seis cuadernos escolares de los de cincuenta hojas, escritos a lápiz, sin fechas y sin orden, donde había apuntado durante décadas lo que le iba pareciendo importante. Recetas a media página, nombres de yerbas, oraciones, y en los márgenes anotaciones sueltas del tipo «esto no sirve, no lo hagas» o «a la señora de Illimo le resultó». El segundo son las grabaciones: unas cuarenta horas de conversación, casi siempre en su cocina y casi siempre desordenadas, porque el maestro no expone temas — cuenta casos.
Qué hice yo. Ordené. Separé lo que estaba repetido, agrupé en siete secciones lo que en los cuadernos estaba suelto, y convertí en pasos numerados lo que él explica hablando con las manos. Verifiqué en mercado que cada material que se nombra se pueda comprar todavía, y saqué dos yerbas que ya no se consiguen. Escribí en castellano corriente las explicaciones que en la grabación duran veinte minutos y tres desvíos.
Qué no toqué. Las oraciones y las advertencias están tal como él las dice. Eso fue condición suya desde el primer día y tenía razón: son las dos partes donde se le oye la voz. Si al leer el libro sientes que las instrucciones suenan a manual y las advertencias suenan a persona, no es un defecto de edición. Es que las instrucciones las redacté yo y las advertencias son de él.
Lo único en que discutimos. Yo quería quitar la frase de que un amarre no agarra el corazón. Le dije que le iba a espantar lectores. Me contestó que si eso espantaba lectores, que se espantaran, y que él llevaba cuarenta años diciéndoselo a la gente sentada en su mesa y no iba a empezar a mentir por un libro. Ahí está, en el secreto 9, con sus palabras.
Le leí el manuscrito completo en voz alta durante dos tardes de enero. Corrigió once cosas. Después dijo que estaba bien y que ya no quería oírlo más.
Prof. Edwin Hermes Llontop
Lo que dijo el maestro
Transcrito de la última grabación, sin corregir.
Yo no sé escribir libros. Eso que quede claro.
Lo que sé me lo enseñó mi abuela Rosaura, que trabajaba de noche y no le decía a nadie. Me llevó a la laguna la primera vez cuando yo tenía nueve años. No entendí nada. Me acuerdo del frío nomás y de que ella me dijo que no hablara, y yo hablaba, y me daba en la nuca.
Después aprendí de otros. De algunos aprendí lo que no hay que hacer, que eso también es aprender y sale más caro.
Mi abuela me decía que lo que se pone en papel se enfría. Y tiene razón, pues, porque esto se pasa de boca a oído y de mano a mano, mirando cómo lo hace el otro. Yo nunca quise escribir nada.
Pero ella tuvo a quién pasárselo y yo no. Mis hijos no quisieron esto. Y hacen bien, no crea. Es una vida difícil, la gente lo mira a uno raro hasta que lo necesita, y ese día lo miran distinto pero no mejor.
Este año cumplí sesenta y ocho.
Así que ahí está. Son setenta y siete cosas que sé y que se van a perder.
Puse lo que se hace y puse lo que no se hace, que esa es la mitad que nadie enseña porque no da plata. Puse los límites que me pusieron a mí y que yo he respetado toda la vida. Me han costado clientes. Han sido bastantes. Se han ido a otro que sí les hacía lo que yo no.
Y puse las cosas que le digo a la gente que se me sienta al frente. Incluida la que no les gusta oír, que es que esto no hace que nadie se enamore de nadie. Eso se los digo el primer día, antes de cobrarles.
Si usted compró este libro creyendo otra cosa, se va a decepcionar temprano. Mejor así.
Si lo compró porque está pasando por algo y necesita tener algo en la mano, entonces siga. Para eso sirve.
Y empiece por el 23. Ese va primero. Muchas veces es el único que hace falta y la gente no me cree hasta que lo hace.
Miguel Farfán
Mórrope, Lambayeque
Prólogo: Lo que este libro es y lo que no es
En el Perú hay un oficio que no figura en ningún registro y que sin embargo sostiene a miles de personas. Se practica en las mesas del norte, en las lagunas de Huancabamba, en los mercados donde se venden las yerbas por manojo y en la trastienda de cualquier barrio de Lima. Tiene mil años: en la cerámica antigua ya aparece el curandero con su sonaja y su bastón, los mismos que hoy siguen sobre la mesa.
Este libro recoge setenta y siete secretos de ese oficio. No los inventa.
Por qué setenta y siete y no cien. Porque el siete es el número del oficio y no otro. Siete flores lleva el baño. Siete nudos lleva el amarre. Siete días arde la vela del regreso. Siete campos tiene la semana y siete veces se pasa la ruda. Son siete secciones de once, y cada una de las setenta y siete se usa.
Lo que este libro promete. Que vas a saber hacer las cosas bien: en su luna, en su día, con lo que va y diciendo lo que se dice. Que vas a entender por qué se hace cada paso, y no solo cuál es. Y que vas a saber cuándo parar, que es lo que más falta hace y lo que menos se enseña.
Lo que este libro no promete. Que alguien se enamore de ti. Eso hay que decirlo en la primera página y no esconderlo en la última. Un amarre agarra el cuerpo y el pensamiento; el corazón no lo agarra nadie. Quien te prometa lo contrario te está cobrando de más, y hay mucha gente cobrando de más.
Un límite que este manual no cruza. No se le da de comer ni de beber nada a nadie sin que lo sepa. La tradición registra que se hacía y este libro lo cuenta como historia, porque es historia. Pero no lo enseña como práctica, y no por escrúpulo: porque eso no es del oficio. Es daño, hace mal de verdad y responde ante la ley. Todo lo que aquí se enseña se trabaja sobre el rastro, sobre la mesa o sobre el propio cuerpo de quien pide.
Y lo último. Muchos de estos setenta y siete funcionan, y funcionan por una razón que no tiene nada de decepcionante: obligan a quien los hace a detenerse, a ordenar lo que quiere y a mirarse antes de mirar al otro. El florecimiento —el secreto 23— levanta a la persona que pide y no toca a nadie más. Los maestros del norte lo saben hace siglos y por eso nunca aceptan un amarre sin florecer primero.
Si después del florecimiento ya no hace falta el amarre, ese es el resultado. No el fracaso.
CÓMO SE USA ESTE LIBRO
Las siete secciones están en el orden en que se trabaja, y ese orden no es decorativo.
- Sección I — El arte y sus leyes. Las once cosas que hay que saber antes de encender la primera vela. El que se las salta no hace brujería: hace desorden.
- Sección II — La mesa y sus materiales. Qué es cada cosa, dónde se consigue y cómo se despierta.
- Sección III — El florecimiento. Todo lo que se trabaja sobre uno mismo. Va antes que cualquier trabajo dirigido a otra persona, sin excepción. Aquí es donde el lector suele querer saltar y es donde menos conviene.
- Sección IV — La jalada y el amarre. Llamar y unir. Es a lo que casi todos vienen.
- Sección V — Dominios, sujeciones y regresos. Amansar, sostener y traer de vuelta.
- Sección VI — Defensa, desamarres y limpias. La sección que más se usa en la práctica real. Por cada amarre que se hace en el norte, se hacen tres limpias.
- Sección VII — Oraciones, santos y espíritus. Cierra el libro y sirve a todas las anteriores.
▲ SECCIÓN I — EL ARTE Y SUS LEYES
Nadie enciende una vela el primer día. Antes que la yerba, antes que el perfume y antes que la palabra, están estas once cosas. El que se las salta no hace brujería: hace desorden, y después viene a preguntar por qué no le resultó.
1. La intención limpia
En el norte lo dicen sin rodeos: el trabajo sale como está el que lo pide. Si te sientas a la mesa con el pecho revuelto, eso es exactamente lo que mandas, y eso es exactamente lo que llega.
Para qué sirve. Para saber qué estás pidiendo de verdad. Nueve de cada diez trabajos que fallan no fallan por mal hechos: fallan porque se pidió una cosa con la boca y otra con las tripas.
Lo que se necesita. Papel blanco, lápiz —no lapicero—, una vela blanca y media hora en que nadie te toque la puerta.
Cómo se hace.
Enciende la vela y siéntate con el papel delante.
Escribe lo que quieres en una sola frase. Si te salen tres, ninguna de las tres es.
Debajo escribe por qué lo quieres. Ahí aparece la verdad.
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